Voltaire [François-Marie Arouet]

( 1694 – 1778 )

Voltaire

Datos biográficos

         Bajo el reinado de Luis XIV y la víspera del Siglo de las Luces, nace François-Marie Arouet en una Francia de esplendor político, económico y cultural el día 21 de noviembre de 1694.

            Cabe señalar que las condiciones de la Francia del siglo XVIII formarían el ambiente propicio en el que Voltaire comenzara a formar su educación y pensamiento.

            En 1704, el joven François-Marie Arouet asiste al colegio jesuita Louis-le-Grand donde aprende latín y griego, lenguas que provocarían su profundo acercamiento a la literatura y filosofía clásicas. Quizá podría aseverarse también una influencia de la educación jesuita en su filosofía libertaria.

            En 1713, Voltaire se gradúa en leyes y trabaja entre otras cosas, como embajador francés en la Haya. Sin embargo, sería su carrera literaria la que lo llevaría a consolidarse como filósofo y como uno de los representantes más importantes de la Ilustración.

            La vida entera de Voltaire se vio envuelta de discusiones, contradicciones y problemas políticos causados por su persistente crítica a las instituciones francesas y a la Iglesia de su tiempo. Se le recluyó por un año en la Bastilla en 1717 por haber satirizado al Duque de Orleáns en el período de sucesión a Luis XIV. En esa época, François-Marie Arouet es desterrado a Châtenay, lugar donde adopta el pseudónimo de Voltaire y en donde inicia su escritura poética y filosófica.

            Años después, sus denuncias y textos le originan más encarcelamientos y exilios; mismos que lo llevaron a instalarse en Londres, donde recogería la ideología de John Locke e Isaac Newton.

            A su regreso a Francia en 1728, Voltaire difunde públicamente sus ideas políticas, mayoritariamente liberales. Tales características le cuestan la censura de sus obras, por lo que empiezan a imprimirse en el extranjero y a ser introducidas clandestinamente a Francia debido a su popularidad. Asimismo, la publicación fuera de Francia consigue la difusión de su ideología por toda Europa.

            Aunque sus ideas impregnan gran parte de la filosofía de la Francmasonería, Voltaire no fue iniciado en ella hasta meses antes de su muerte, a título honorífico. Fue en la logia mixta Les Neuf Soeurs, el 7 de abril de 1778.

            Falleció el 30 de mayo de 1778 en París.  Y en 1791, sus restos fueron trasladados al Panteón.

            Entre sus obras más celebradas están las tragedias Brutus (1730), Zaire (1732), Alzire (1736), Mahoma o el fanatismo (1741), y Mérope (1743); el romance filosófico Zadig (1747); el poema Discurso sobre el hombre (1738); el estudio histórico Carlos XII (1730); el cuento filosófico Cándido (1759) y las famosas Cartas Filosóficas (1734)

Pensamiento

En el pensamiento de Voltaire florecen las ideas ya rescatadas en el Renacimiento y en los primeros tiempos del Siglo de las Luces. Sin embargo, es con Voltaire con quien se fundamenta bastante la ideología de la Ilustración, en tanto poder de la razón humana, la ciencia y el respeto a la humanidad.

            Primeramente en el aspecto social, Voltaire vislumbra un sentimiento universal e innato de justicia, que ya inherente al ser humano debe reflejarse en el pacto social y legal con el que las sociedades idealmente operan. Sin embargo, Voltaire veía en esta legalidad una manera para expresar no limitantes sino la posibilidad de defender la libertad individual. He aquí una importante razón de considerar a Voltaire, puesto que a diferencia de muchas teorías anteriores y renacentistas, él empieza a matizar al hombre como un individuo libre y capaz de pensar a su voluntad personal, pues su conciencia está basada en aquel innato sentimiento de justicia. De aquí mismo, Voltaire expone la razón para considerar a todos los hombres como iguales: “Los hombres son iguales; no es el nacimiento sino la virtud la que los diferencia”.

            Para el logro de esta última característica, Voltaire acudía a la buena moral que aunque también inherente a la capacidad humana debería ser transferida por medio de la cultura y la enseñanza racional. Para Voltaire, el ejemplo y la palabra confluyen en la educación como llave liberadora de sociedades y conciencias. Dados estos pensamientos, Voltaire intuía a una literatura responsable de los problemas de su tiempo.

            En cuanto a la sapiencia, Voltaire respalda la duda cartesiana, por lo que el empirismo y el racionalismo pueden adivinarse en su filosofía: “La duda no es una condición placentera, pero la certidumbre es absurda”.

            Por ello, del volterianismo se rescata con frecuencia la libertad del individuo para forjar su propio destino. Asimismo el filósofo francés destacaba cómo el hombre debía perfeccionarse a sí mismo a través de sus virtudes y mediante la ciencia y la técnica.        Además, la filosofía práctica de Voltaire prescindía de la intervención de Dios en los asuntos humanos, ponía en las manos del hombre toda la responsabilidad de construir su entorno y su misma existencia. En consecuencia, tanto el bien como el mal que el hombre percibe en sí, es producto de su obra particular: “Todo hombre es culpable del bien que no realizó”.

            Debido a esta falta de intervención divina en el destino de los hombres se ha visto a Voltaire como un personaje ateo. No obstante, podría decirse que Voltaire era deísta. Creía pues que la propia existencia del universo implicaba un creador inicial.
            Por otro lado, a causa de las condiciones con las que la Iglesia del Siglo XVIII se movía, Voltaire se convirtió en un denunciante y opositor de la intolerancia e hipocresía con la que la institución eclesial se expresaba. Voltaire también criticó constantemente a la burguesía francesa de inefectiva; a la aristocracia de parásita y corrupta, y al vulgode ignorantes y supersticiosos. Dadas estas abiertas críticas, Voltaire se convierte en el modelo para la burguesía liberal y anticlerical.

Por otro lado, se le suele dar una importancia destacable al concepto de tolerancia religiosa que Voltaire sostuvo y que aparecía novedoso en las filosofías de su tiempo. Y aunque es verdad que el filósofo francés escribió incansablemente de la importancia de la tolerancia de las creencias ajenas para el logro de una convivencia pacífica y racional, no podemos ser verdaderos sino destacamos que Voltaire tenía un fuerte sentimiento antisemita, el cual también puede verificarse en sus escritos y cartas personales. De hecho, no es de menos observar que la ferviente personalidad libre de Voltaire desembocara en este tipo de contradicciones. Las opiniones de sus contemporáneos terminaban constantemente en debate, pues cuando para unos Voltaire era engañoso y sarcástico, para otros el filósofo representaba generosidad y conocimiento.

La trascendencia de la obra de Voltaire puede rescatarse en la impermeable influencia que tuvo sobre los pensadores de las revoluciones francesas y americanas. Igualmente, mucho de la libertad individual de pensar y de hacer uso de conciencia pasa al complejo ideológico del posterior romanticismo.

            Actualmente se resalta entre los pensamientos de Voltaire la importancia del hombre como labrador de su propio destino y como el ser que debe instruirse y ser moralmente responsable para perfeccionarse.

            En este sentido, el hombre común puede tomar el ejemplo para encarar todos los días la tarea de hacer público el pensamiento individual y el honor, como ejemplo en cada una de sus profesiones y oficios correspondientes. Por otro lado, sobreviene el protagonismo en la construcción de una sociedad alrededor de valores y leyes justas, sin necesidad de que estas opaquen la necesaria manifestación pública al rechazo de las conductas moralmente reprobables.

Frases celébres

  • “Todas las sectas son distintas, porque provienen del hombre; la moral es siempre y en todos lados la misma, porque viene de Dios.”
  • “El reconocimiento es maravilloso: hace que aquello que es excelente en el otro también nos pertenezca”
  • “Nunca he hecho sino una oración a Dios, una muy breve: “O Señor, haz a todos mis enemigos ridículos”. Y Dios lo concedió”
  • “Si Dios no existiese, sería necesario inventarlo”
  • “La indolencia es dulce, pero sus consecuencias son amargas”
  • “Es peligroso estar en lo correcto cuando el gobierno está equivocado”
  • “Juzga a un hombre por sus preguntas más que por sus respuestas”
  • “Ama la verdad y perdona el error”
  • “El secreto de ser aburrido es decirlo todo”
  • “Hay una amplia diferencia entre hablar para engañar, y callar para ser impenetrable”
  • “Aquellos que te hacen creer absurdos pueden hacerte cometer atrocidades”
  • “Ustedes desacreditan los libros; ustedes cuyas vidas son absorbidas en la vanidad de la ambición, y la gana del placer o la indolencia; pero recuerden que todo el mundo sapiente, exceptuando las naciones salvajes, es gobernado por los libros”
  • “Dios es un círculo cuyo centro está en cualquier parte y su circunferencia en ningún lugar”
  • “El trabajo nos salva de tres grandes demonios: el aburrimiento, el vicio y la necesidad”
  • “Hay algunos que solo emplean las palabras con el propósito de disfrazar sus pensamientos”
  • “Piensen por ustedes mismos y dejen a los otros disfrutar del privilegio de hacerlo”
  • “Se ven muchas estrellas en el cielo nocturno pero no eres capaz de encontrarlas cuando el sol está brillando; puedes entonces decir que no hay estrellas en el cielo diurno? Entonces, O hombre!, no porque seas incapaz de entender a Dios en los días de tu ignorancia puedes decir que no hay Dios”
  • “¿Qué es la tolerancia? Es la consecuencia de la humanidad. Todos estamos formados de fragilidad y error; dejémonos perdonar recíprocamente el error de cada uno, esa es la primera ley de la naturaleza”
  • “…La vía más segura es hacer nada en contra de la propia consciencia. Con este secreto, podemos disfrutar de la vida y perder el miedo a la muerte.”
Editado por: Melissa Sharon Padilla